Categoría: Perspectivas

3 lecciones que Venezuela debe aprender de la dictadura de Mugabe; por Andrés Cañizález

Por Andrés Cañizález | 28 de julio, 2017

Fotografía de Reuters

Fotografía de Reuters

El presidente Nicolás Maduro reparte réplicas de la espada de Simón Bolívar, como se dice popularmente, a diestra y siniestra. El acto de este 26 de julio fue una buena muestra de esa política manirrota de repartir réplicas de una espada que otrora estuvo reservada para ocasiones realmente especiales. Viendo este acto recordé la primera vez que hubo una polémica seria: Hugo Chávez le dio una de esas réplicas al dictador de Zimbabue, Robert Mugabe, en el año 2000.

La dictadura de Mugabe, aunque lejana en el plano geográfico, debe ser vista con detenimiento desde Venezuela. Mugabe celebró en febrero, con una fiesta fastuosa, sus 93 años de los cuales 37 ha estado en el poder. El viejo Bob, como se le suele llamar en Zimbabue (antigua Rodesia), ha anunciado que en 2018 será nuevamente candidato para un período de 5 años. No se cree inmortal, y ya ha apuntalado a su esposa Grace, de 52, como heredera.

Zimbabue, desde que surgió como república en 1980, no ha conocido otro mandatario distinto a Mugabe. Al viejo Bob se le adjudican claramente dos grandes etapas. La primera, en la que se convirtió en el héroe nacional: salió de la cárcel para impulsar el surgimiento de la nación, puso fin al apartheid y le dio un empuje a la vida económica. En 1990 Mugabe deja en claro que su objetivo es permanecer en el poder, a cualquier precio. Se declara Mugabe como marxista, se instaura el partido único y se aprueba una reforma constitucional; Zimbabue pasa a conocer las violaciones masivas de derechos humanos (si bien ya existían precedentes desde los 80), se destroza la economía nacional y cunde la pobreza.

De la dictadura de Mugabe sintetizo tres mensajes que pueden tener eco en la Venezuela de hoy.

1. La cooptación del liderazgo opositor

Hace poco menos de una década, cuando Zimbabue atravesaba el punto más álgido de la crisis económica, y en buena medida producto de la mediación internacional, se logró un “gobierno de unidad nacional”. Quien era el líder y rostro emblemático de la oposición, Morgan Tsvangirai, del Movimiento Cambio Democrático, ganó las elecciones pese al fraude. Mugabe, con el respaldo de las fuerzas armadas, no reconoció el triunfo opositor y construyó el modelo de “transición”, como se le conocía entonces. Mugabe seguiría actuando como presidente y Tsvangirai como primer ministro, además de incorporar a otros opositores a algunas dependencias del Estado.

Si bien en aquel momento aquello parecía una salida razonable a la crisis, para evitar un derramamiento de sangre, aquel “gobierno de unidad nacional” fue en realidad una ficción. Los hilos del poder siguieron controlados por Mugabe y su partido Unión Nacional Africana de Zimbabue – Frente Patriótico(ZAPU-PF), junto con los militares y milicias armadas al servicio del dictador. El paso por el cargo de primer ministro de Tsvangirai no implicó una transición democrática, sino una cooptación de los factores democráticos por la dictadura.

En ese período 2008-2013, el gobierno Mugabe-Tsvangirai llevó adelante además un ajuste económico, con el que el régimen compartió con la oposición el costo político por el desastre económico que en realidad había generado la dictadura previamente. De cara a las elecciones de 2013, Tsvangirai estaba tan desacreditado que se le expulsó de su partido y la oposición acudió divida a las elecciones, en las que nuevamente se impuso Mugabe para el período actual (2013-2018).

2. Una crisis económica por sí sola
no acaba con una dictadura

Zimbabue es posiblemente el mejor ejemplo reciente de cómo un régimen dictatorial puede sobrevivir a una aguda crisis económica. El país africano llegó a tener una hiperinflación que se contabilizó en trillones (los precios se duplicaban cada 24 horas), en una escalada que se extendió por algunos años. En 2007, el Banco Central de Zimbabue declaró “ilegal” a la inflación y el régimen encarceló a comerciantes y empresarios. La moneda más alta, en aquel momento, era un billete de 10 millones de dólares zimbabuenses y equivalía apenas a 4 dólares estadounidenses.

Abundan de aquel período los relatos periodísticos que mostraban cómo una taza de té, en un café de Harare, duplicaba su precio de la mañana al final de la tarde del mismo día, o de cómo los empleados públicos acudían con carretillas al banco para retirar sus pagos. Eran bultos de billetes que no les salvaban de la pobreza. Se calcula que un tercio de la población de Zimbabue emigró a países vecinos, especialmente a Sudáfrica. Emigró una clase media negra que se había formado precisamente en la primera década de esplendor de Mugabe.

Los más pobres pasaron a sobrevivir gracias a las remesas de los familiares que emigraron y a la ayuda internacional que incluso se lanzaba desde aviones de organismos internacionales ante el rechazo de la dictadura de aceptar tales donaciones de alimentos básicos. El “gobierno de unidad nacional” tomó medidas pragmáticas en materia económica. Si bien Zimbabue ya no es la potencia económica que fue en los 80, se revirtió en parte la expansión de la pobreza y se adoptó una cesta de monedas extranjeras (dólares, libra, yen) con circulación dentro del país.

El dólar de Zimbabue se remata hoy en subastas on line, los montones de ceros de esos billetes son el símbolo de un fracaso económico, pero al mismo tiempo dejan en evidencia la capacidad de una dictadura para reinventarse.

3. La comunidad internacional tiene sus prioridades y las reordena

Hace una década Zimbabue era, como hoy Venezuela, el foco de la atención internacional, tanto de la prensa como de organismos internacionales, en particular de la Unión Europea. Se combinaban la crisis económica y humanitaria, la lucha de la oposición democrática que parecía muy cerca de alcanzar el poder y se veía a un Mugabe en declive, acosado por varios frentes.

El esquema de transición que acompañó la comunidad internacional para Zimbabue, con el “gobierno de unidad nacional” al que nos hemos referido, hizo que descendiera de forma notable la mirada externa sobre la dictadura de Mugabe. Los países occidentales, incluso los más comprometidos con la causa democrática, han aprendido a convivir con el viejo Bob.

La reinserción de Zimbabue en la comunidad internacional, que termina aceptando sin aspavientos a Mugabe, tuvo un punto clímax en 2015 cuando el viejo dictador fue electo-por fin- como presidente de la Unión Africana (UA) por el resto de Estados del continente africano.

Ya a nadie parece importarle, al menos no lo dicen públicamente, que Zimbabue siga gobernada por un dictador.

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Fuentes

Carlin, John. “Robert Mugabe, un tirano con seis carreras”. https://elpais.com/internacional/2012/08/10/actualidad/1344603465_466175.html

CIDOB. “Biografía de Morgan Tsvangirai”. https://www.cidob.org/biografias_lideres_politicos/africa/zimbabwe/morgan_tsvangirai

Grill, Bartholomäus.“El déspota de la mano fría”. https://elpais.com/internacional/2016/03/02/actualidad/1456929242_298929.html

Moreno, Gonzalo. “El legado de Mugabe”. https://elpais.com/elpais/2013/07/29/africa_no_es_un_pais/1375077600_137507.html

Naranjo, José. “Mugabe elegido presidente de la Unión Africana”. https://elpais.com/internacional/2015/01/30/actualidad/1422623226_842208.html

Naranjo, José. “Grace Mugabe ya ensombrece al camarada Bob”. https://elpais.com/internacional/2017/03/03/actualidad/1488536397_558987.html

Telesur. “Zimbabue asume la presidencia de la Unión Africana”. http://www.telesurtv.net/news/Zimbabwe-asume-la-presidencia-de-la-Union-Africana-20150130-0048.html

Wikipedia. “Biografía de Robert Mugabe”. https://es.wikipedia.org/wiki/Robert_Mugabe